He vivido cada día con toda la entrega que merece la vida. He tenido días en que mi alma se quedaba escasa y breve para contener tanta dicha. Y en ocasiones, he amanecido el más infeliz de los seres del planeta. No siempre he llorado con los que lloran. Reconozco haber mirado hacia los lados, desoír quejas y dolores ajenos. Procurando escuchar mi voz, o la de Dios puesto al caso, a veces he hallado el más absoluto de los silencios.
No cargo culpas, he llegado a entender mi finitud y fragilidad. La miseria de la condición humana. Mi impotencia y mi trascendencia en tensión permanente, en armonía no siempre prolija. Los desniveles, los detalles inconclusos no me acusan: me sonríen con mueca de complicidad que los desbaratados sólo entienden. He aprendido a contentarme y a saquear sueños cada vez que una oleada de adultez arremetió contra mi vida. Y he sacado mi alma al sol, para curar desesperanzas, desvelos, ironías.
Empujada por los constantes desafíos, jamás he dejado de aprender. Y he buscado en algunos de ustedes cierto rumbo cuando las encrucijadas se parecían demasiado a las apatías.
Hoy empiezo esta narración que pretende ser más nuestra que mía. Le había dicho a Luis que en una de esas me largaba a ventilar de aquí a octubre ideas y sensaciones que nos produce ser testigos de nuestra historia, de nuestra vida misma. ¿Para qué? Para recuperar memoria, para manifestar continuidades, advertir quiebres, callar dolores, gritar esperanzas y anunciar desvíos; para encontrarnos, para ser ahora, porque como bien dice Neruda, “nosotros, los de entonces, ya no somos los mismos.”
Nos veremos en octubre: será como sacar el alma al sol, despedir inviernos largos y extender los brazos a la vida.
3 comments:
Cuanta verdad AMIGA mía del Alma, yo también no pocas veces siento el alma “enmohecida”, hambrienta de luz y calor que acreciente el fuego, esa llamita intima que todos llevamos dentro y que es en definitiva lo que somos, lo que transporta y contiene nuestro limitado “envase” de carne y hueso, que a veces algún delirio desvela y desorienta el andar. Cuan identificada me siento contigo, es verdad, como dice Pablo N: “…nosotros los de entonces ya no somos los mismos.” pero creo sin embargo que en algún rincón del corazón conservamos esa quinceañera enamoradiza y crédula que alguna vez fuimos, es verdad crecimos; tallados por el dolor, los desencuentros, el desarraigo, la dolorosa ausencia de nuestros seres queridos, las perdidas y tantas caídas…., mas no en vano también hubo encuentros, coincidencias, triunfos y llegadas y siempre, siempre nos levantamos.
Es la vida y la vamos desentrañando al andar nuestros pasos, crecemos a propósito y a pesar nuestro, crecemos, yo en lo personal como diría JC Baglietto: -voy tratando de crecer y no de sentar cabeza-, si sentar cabeza implica desoír al niño que llevamos dentro, dejar de jugar, soñar, inventar, descubrir, aprender, imaginar y perder la ingenuidad y la confianza, esa sana confianza propia de los niños que tan bien nos hace; creer en el otro, porque si, por inocencia, por ingenuidad y por pura gana y necesidad desesperada de creer…
Ah, la culpa, que gran amiga y vieja conocida, creo que es una de las pocas que va a todos lados conmigo, sin embargo a esta altura de mi vida empiezo a vislumbrar la posibilidad de desprenderme de ella, de a poco, despacito, muy despacio porque temo extrañarla si la dejo de golpe. Si, entendí que no me es tan imprescindible al menos cotidianamente, aunque como los viejos amigos, seguro estará presta a presentarse inesperadamente, sin invitación. Pero igual la voy dejando.
Si creo que hay un momento en la vida en que nos damos cuenta, hacemos un click, un quiebre, como quieran decirle y nos empezamos a dar cuenta de algunas cosas, como nuestra pequeñez o finitud como vos decís y ahí nos miramos de otro modo, con otros ojos y descubrimos algunas cosas y digo algunas porque creo que se nos deben quedar tantas en el tintero, por Dios que ganas de devorar el mundo que certeza más grande de la propia ignorancia.
Desde luego siempre están los otros, ustedes los que nos rescatan de esta vorágine continua de la vida, los seres que nos retornan a la primavera y nos hacen florecer. Si estoy absolutamente convencida reencontrarnos será como sacar el alma al sol y acuno la esperanza que prenda una semilla en cada uno de nosotros y brote en nuestras almas.
Que no se apague el fuego, ni se pierdan los sueños….
Nos vemos en Octubre.
Lastima yo no estoy en esa foto....
Vale, ya vendrán. Se pueden incluir fotos en los escritos.
Espero alguno tuyo, uno que nos traiga al bilógico en pleno.
Besos. Me voy a cuidar del almácigo de recuerdos que empezamos a regar en febrero.
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