Advertencia: Los personajes y nombres en esta narración son reales. Sin ellos, no valdría la pena contar la historia.
No soy buena discerniendo la fibra íntima de las personas. Esclava de una especie de optimismo, casi todo el mundo, al menos en los primeros encuentros, me parece genial. Playos, interesantes, huecos, infelices, luchadores, simpaticones… en el fondo, buena gente. Me pasa por ejemplo, que a pocas horas de haber conocido a alguien, suelo descubrirme con Sergio en un diálogo muy similar a éste:
-Conocí a fulanita de tal. Le gustó mucho lo que estamos haciendo en la universidad. Me pareció re piola-
-¿Quién…? ¿La mina esa que hablaba toda la hora?
-Sí-
-Ah… te va a garcar-
Despliego dudas y silencios. Me como las palabras. Antes, enfurecida, embestía con toda clase de acusaciones: incapacidad de ver lo bueno en otros, desconfianza enfermiza, pájaro de mal agüero.
Ante la limitante confesada, he descubierto mecanismos que me develan de lo que normalmente no alcanzo a presagiar. Uno de esos mecanismos es la historia. Cuán fresco tiene la persona nombres, referencias, situaciones que desde mi lado están directamente relacionados a su vida. Suena extremista pero no lo es. Unilateral, sí, pero no extremista. Por ejemplo, le digo a una mamá: ¡Qué lindo poema dijo tu nena en la escuela! Si la mujer me dice ¿Qué poema? Inmediatamente intuyo los colores de su alma y sospecho lo que tiene en el corazón.
Yo podría saber a ciencia cierta quién o quiénes de los 125 del grupo en Facebook miente y para tal efecto la mayoría de los egresados de Escuela Normal si al decir “Sra. de Ottonello” me respondieran: “No me suena”. Inmediatamente sabría que son capaces de mentirme en la cara.
Nadie absolutamente nadie salía ileso, inmune, intacto ante un encuentro con ella.Tez blanca, tintura siempre fresca. Topársela de frente semejaba un primer roce con la muerte.
Tenía un celo casi belicoso por las conjugaciones y la sintaxis. Su fama se esparcía año tras año y crecía tras las generaciones. Se agrandaba con historias cuya verosimilitud nunca acabábamos de comprobar. Terror. Superaba los instintos, los refranes. Desbordaba la sabiduría popular. No era mejor malo conocido que bueno por conocer. La bondad era un elemento lejano, vestigios en su presencia recia de matrona. Usaba un labial intenso y exigía distinción precisa e indubitable entre modos, tiempos, número y personas. Yo me acuerdo en pretérito imperfecto simple del modo indicativo su mirada casi militar.
Nadie absolutamente nadie salía ileso, inmune, intacto ante un encuentro con ella.Tez blanca, tintura siempre fresca. Topársela de frente semejaba un primer roce con la muerte.
Tenía un celo casi belicoso por las conjugaciones y la sintaxis. Su fama se esparcía año tras año y crecía tras las generaciones. Se agrandaba con historias cuya verosimilitud nunca acabábamos de comprobar. Terror. Superaba los instintos, los refranes. Desbordaba la sabiduría popular. No era mejor malo conocido que bueno por conocer. La bondad era un elemento lejano, vestigios en su presencia recia de matrona. Usaba un labial intenso y exigía distinción precisa e indubitable entre modos, tiempos, número y personas. Yo me acuerdo en pretérito imperfecto simple del modo indicativo su mirada casi militar.
Segundo año de secundaria: la edad del pavo en su máximo esplendor, amontonamiento de inocencia e ignorancia, época en la que algunas de nosotras todavía manchaba el delantal al tiempo que descubríamos que aparte de ellos, los compañeros, estaban los otros, esos que iban a las divisiones de arriba, y pertenecían, literalmente, al mundo superior de los cursos avanzados. Esperar el recreo, subir las esclareas y pasear diez minutos entre un gentío que nos parecía más adulto y más sofisticado hacía que todo futuro, y no todo pasado a decir de Machado, fuera mejor. Entonces, llegaba la hora de castellano: imperceptible vía crucis sobre la Muñecas. Imperceptible para los de afuera, claro. Los confinados al aula, sabíamos que nos encaminábamos hacia el Gólgota.
Calamaro con Los Abuelos nos recordaba que estábamos tratando de racionalizar políticas incongruentes, populismos y muerte en nombre del dominio.
“Yo me pregunto: ¿Para qué sirven las guerras?”
Teníamos catorce, quince años. El Cid Campeador con sus virtudes máximas, nos llevaba a sostener nobleza y pureza en los ideales ante la más atroz de las traiciones. Cámpora y Perón eran nombres que pronunciaban nuestros padres. Nosotros sabíamos de desfiles, delantales blancos y juntas de apellidos italianos. Ni de lejos sospechábamos que la historia venía por Junín doblando por Mendoza. Crecíamos.
Daniel Barrionuevo acababa de gritarme sin misericordia desde el segundo piso: ¡Caputo, Caputo! Y había largado la risotada traviesa que tienen los varones de la Normal, porque se saben apañados, mimados. Sarcásticos, inteligentes, crueles, introvertidos, santos. Solían divertirnos son sus observaciones. Culpa de los lentes enormes y gruesos que llevaba. O de la nariz prominente a la que Marcos, bautizara con un tecnicismo casi científico protuberancia nasal, uno o dos años más tarde. Tal vez era la combinación de ambos. …íCaputooo! íCaputooo!
Tengo un cohete en el pantalón
vos estas tan fría como la nieve a mi alrededor,
vos estas tan blanca y yo no sé qué hacer...
-¡Señorita Chaván!-
Le decíamos Atila, reina de los Hunos, aunque creo se parecía más a Atenea. Diosa de la guerra y la civilización. La insolencia juvenil suele generar fantasías muy reales. Atila acababa de exclamar mi apellido. Dante Mario Antonio Caputo tenía título de diplomático y bigotes; yo carecía de ambos. Tienen que ser los anteojos, o la nariz, o ambos...continuaba en un martirio interior incesante. ¿A quién podría ir con mi duda? ¿Qué podía decir? ¿Me ves parecida a Caputo? ¿Y qué hacía con la respuesta? No. Debía resolver el acertijo sola. Por ese entonces, me gustaba perderme en enigmas. ¿Para qué sirven las guerras?
-¿Usted en qué está pensando, Chaván? -
En una fracción de segundos entiendo que soy yo y no otra la víctima seleccionada. Gólgota y cadalso. Nadie escribiría INRI en mi cruz. Al contrario, podía ver a Barrionuevo poniendo un cartelito hecho a mano: “CAPUTO” y casi podía oír el jolgorio cándido y colectivo al fondo de mi agonía. Morir en plena clase, acribillada a gerundios y participios no era mi destino. Los sueños del país y los míos, venían doblando por la esquina.
Tomé el librito Castellano Dinámico 2 de editorial Kapelusz y me concentré en los modos compuestos de todas las terminaciones ar, er, ir de todos los tiempos, menos el imperativo.
Imperativo era crecer columpiando intuiciones, despejando equis e intrigas. Fiel creyente en el Dios de lo imposible rezaba en presente del subjuntivo que el timbre silbara adelantado: Que suene, que suene...
Imperativo era crecer columpiando intuiciones, despejando equis e intrigas. Fiel creyente en el Dios de lo imposible rezaba en presente del subjuntivo que el timbre silbara adelantado: Que suene, que suene...
Por Marcela A. Chaván ©.
Marcela A. Chaván ©.
2 comments:
Prueba porque dice Luis que no funciona
Claudia Barrojo and Monica Cabral like this.
Vicky Apud Marcela!! me encantó!! me gustaría escribir tan lindo como vos para poder plasmar tanto recuerdos hermosos. Todas la épocas tienen lo suyo, pero... que época!!! llegando hacia octubre ya me estoy poniendo...no sé como explicarlo...tan emoc...ionada del reencuentro, no tan solo por volver a ver a tanta gente perdida en el camino, si no por lo que aquel tiempo significó en mi vida. Ves?? capaz que si pruebo me largo a escribir algo!! jajaSee More
Thursday at 9:05pm · UnlikeLike · 3 people
Marcela Alejandra Chaván Dale, escribí y lo colgamos. Como dice Luis, no podemos dejar cosas para los próxinmos 25 años. Animate. Besos.
Thursday at 9:08pm · LikeUnlike · 2 people
Luis A Moyano Cruz Nunca me olvidaré de la Profe Ottonello, cuando nos daba un tema para redactar en 2do año y nos decia.." Y ya saben, no hagan tres líneas y después terminan diciendo; todo fue un sueño y mamá me despertó". Mujer genial en todo sus sentidos..., incluyendo el sentido del olfato. Cuando llegaba al curso, se paraba con su porte percheril en la entrada, llamando al silencio, y el curso se inundaba a la loción que la caracterizaba a la distancia: Heno de Pravia.
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Thursday at 10:23pm · UnlikeLike · 3 people
Luis A Moyano Cruz Marcela Alejandra Chaván no puedo guardar lo escrito en tu blogspot...es solo para gente VIP ? ja ja ja
Thursday at 10:30pm · UnlikeLike · 1 person
Marcela Alejandra Chaván Luis A Moyano Cruz, no se que paa, ponelo en el FB en todo caso. Que VIP, ni VIP....Si escribo con lo mas popular que hay. Manda tu escrito.
Yesterday at 12:32am · LikeUnlike · 1 person
Ana Carolina Mesías Esa frase de la Ottonello y el "Bueno basta!!" de la Débora, no me olvido más. MUY BUENO lo tuyo Marcela.
Yesterday at 7:14am · UnlikeLike · 3 people
Cristina Rearte Ja!!! lo que ustedes no sabian era que la Otto vivia en la mendoza y balcarse casi...a dos cuadras de la casa de mis padres...me hacia que le lleve los cuadernos...todos los dias!!!!! jajajaja igual no salvaba si no habia llevado el cuaderno de palabras del diccionario, me ponia religiosamente el uno correspondiente...
Yesterday at 7:53am · UnlikeLike · 4 people
Victoria Casagranda Genial Marcela !!! Cómo olvidarse de la Ottonello, si transpiraba helado antes de la hora de castellano. Vos te acordás en 3º año en una prueba de área, cuando la señora de Dappe te dijo que estabas copiando ? Vos en una actuación fantástica te largaste a llorar, y le dijiste que no veías nada y que por eso estabas casi acostada sobre el pupitre ?
18 hours ago · UnlikeLike · 3 people
Claudia Barrojo hermoso relato marce , lo lei tres veces seguidas jaja ...me encanta por que son relatos que van armando un rompecabezas con historias que habia olvidado y que forman parte de una etapa muy importante en nuestras vidas.!!!!!!!
16 hours ago · UnlikeLike · 2 people
You and Cristina Juarez like this.
Marcela Alejandra Chaván Victoria Casagranda, claro que me acuerdo. Y no era la Dappe, sino la Dip y estaba pasando unas deficiones de física detras de la regla. ¡Ver peligrar mi nota por samaritana me sacó las mejores lágrimas ese año! ¡Es que yo no veo nada, profesora! ¡Que lo tiró! ¡Hasta artista me volvía!
16 hours ago · LikeUnlike · 1 person
Marcela Alejandra Chaván Claudia Barrojo: ¿Sabés que pasa Clau? Una pasa por tantas que de alguna manera se hace imprescindible dejar etapas atrás, y luego, recuperarlas, integrarlas en esta continuidad existencial que somos. Me alegro que te haya gustado.
16 hours ago · LikeUnlike · 1 person
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