Monday, July 4, 2011

Dar gracias

Cuenta el relato bíblico que Jesús andaba de pueblo en pueblo enseñando y le salió al encuentro un  grupo de leprosos. Los leprosos pidieron ser sanados, recibieron sanidad y siguieron cada cual por su rumbo. La historia podría terminar ahí, pero el narrador da un detalle interesante: sólo uno de ellos volvió a agradecer el milagro. La actitud de este personaje toma por sorpresa a Jesús; y a mí algo me dice sobre la capacidad, o la disciplina, el hábito, los modales o como quieran llamarle de ser agradecidos en primer lugar y de dar gracias de modo público en segundo término.  
No iba a escribir esto sino hasta más adelante, cuando ya pasada revista de quiénes atesoramos por razones que el corazón entiende, estuviéramos en condiciones de ser más objetivos y más honestos con nosotros mismos. 
Hay infinidad de cosas que hoy sabemos y porque las sabemos las damos por sentado; parte del sentido común. Ni obvias, ni parte del conocimiento popular; si las sabemos es gracias a que alguien estuvo ahí para enseñárnoslas.  Alguien nos sacó la lepra de la ignorancia.


Saquemos una hoja; recordemos qué de esto sabíamos antes del paso por la secundaria: meridianos y paralelos. El paleolítico. Plegamiento terciario. Metales y no metales. Que Cl es cloro y no Claudia, que Te es telurio y no té. Que los cuerpos opuestos se atraen, los semejantes se rechazan. Que el Everest queda en Asia y el Aconcagua en Sudamérica y que los monosílabos no se acentúan. Y así pudiera seguir, pero para muestra basta un botón, creo haber provisto de justificación a mi argumento.
Paradójicamente algunos de nosotros nos encontramos hoy como docentes y exceptuando a los más veteranos,  podríamos decir que décadas más, lustros menos, tenemos aproximadamente la misma edad que tenían ellos allá entre 1982 y 1986. Esto sugiere más allá de una afinidad entre colegas, una especie de campo común que el paso de los años ha ido extendiendo sin que nos demos cuenta.  Y superando  simpatías y antipatías, sé que si nos aventuráramos podríamos entender sus razones y arbitrariedades. No estoy proponiendo una traición a los recuerdos (donde todo permanece congelado, inamovible en el tiempo en clara contradicción con la dinámica de estar vivos). Simplemente digo que los entenderíamos mejor. Parte de crecer, de limar asperezas, de achicar distancias, de madurar.
Por eso propongo un diálogo desde dentro, para descubrir procesos internos que a veces no alcanzamos a verbalizar, y no alcanzamos a verbalizar porque no nos detenemos a pensar. La vida tiene sus ironías, sus generosidades y sus satisfacciones. Dar gracias para mí se encuentra en la intersección de estas directrices. 
Lo que sigue, no es sino un esbozo de agradecimiento que sólo pretendería ser más íntegro y más justo si cada uno de nosotros añade algo, es decir,  si nos decidimos a buscar entre los recuerdos al menos dos profes y dos conceptos, ideas, pensamientos, anécdotas que de alguna manera hayan edificado nuestras vidas. Dos profesores, dos elementos, cualesquiera sean ellos.  En serio, es una propuesta. Me conocen. Nunca he abogado por un jolgorio permanente, sin permitirnos ejercer esa capacidad que nos distingue de los primates fiesteros, porque para agradecer, hay que pensar. 
Sé que estoy estirando voluntades, ir de poner  ‘me gusta’ en un clic a hurgar en los recuerdos, sopesando legado, filtrando experiencias. ¿Será que nos animamos? ¿Será que podemos? ¿Será que hay personas de la secundaria, profesores a los que podamos agradecer? Y si no fueran profesores, ¿Quiénes son? ¿Y por qué les estamos agradecidos?
Aquí van los míos, los primeros que vienen  a la mente, pero hay más y los voy a ir poniendo a medida que ustedes pongan los de ustedes:
Prof. Martó (también conocido como el hombre nuclear): Gracias por haberme dicho, por escrito y con una mezcla de sinceridad y sarcasmo que si supiera las tablas, sería buena en las matemáticas. La nota no hizo mi calificación más alta, hizo mi autoestima más fuerte, alejando de mi cualquier sentido de incapacidad hacia la materia. Yo estaba en letras, no sólo por una profunda intriga por la literatura sino por una especie de convicción de que "no servía" para las matemáticas. Y sí sabía las tablas.  Lo que no sabía era prestar atención hasta el final. “Usted ha resuelto exitosamente la ecuación. Felicitaciones. Sería buena en matemáticas, si supiera multiplicar. La raíz cuadrada de 16 no es dos” decía la nota y al ladito tenía mi puntuación: ¡Un hermoso dos! 
Sra. de Belló: por haberme puesto sin pedir mi autorización a participar en los concursos literarios que me valieron esas primeras menciones de honor. Usted  vio en mi algo que yo no veía. Y gracias por haber hecho de mis iniciales un seudónimo que hasta el día de hoy imprimo en alguno de mis escritos.

¿Y vos? ¿A quién tenés que agradecer? ¿De quién reconocés un trazo para bien en los colores de tu alma?


Agradecer a la vida suele ser mucho más fácil que agradecer a personas en concreto, aunque ya no estén con nosotros. Dale, hurgá y vas a encontrar.  Y vas a ver que cuando tararees los versos de Violeta Parra, agradecer a la vida te hallará mano a mano con los recuerdos y en entre ellos, estoy segura, vas a poder ver el rostro de dos profes de la Normal.

No comments: